23.9.13
Slipknot - Eyeless
Máscara, locura, cuchara.
Como cada día, se enfundaba en su máscara de aparente normalidad y cumplía con los preceptos del buen ciudadano. Cogía el coche y soportaba una hora de atasco para llegar a la oficina, donde aparcaba en su plaza reservada, como siempre. En su despacho, se sumergía en un apasionante mundo de demandas y otros demonios, y era un parroquiano fiel del mocaccino de las diez y media.
Cuando nadie le veía, arrojaba una cucharada de locura a su ya cargado café psicótico, relamía la cuchara y la volvía a dejar en el azucarero. Le gustaba pensar que Sonia, la de administración, se echaría el azúcar con esa misma cuchara. "Es una violación silenciosa" Se decía.
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